lunes, 5 de enero de 2026

Poema de Brunilde

Herencia de un nombre,  
valquiria errante,  
mi alma se enlaza a la suya.  

Azules presagios arden,  
llamas de castigo me cercan,  
lunas del pasado y del futuro  
me niegan la libertad.  

En el bosque aún resuenan  
las hadas que jugaban,  
y Sigfrido, símbolo perdido,  
se disuelve en la memoria.  

Grane, corcel alado,  
atraviesa el fuego de mi espera,  
pero el camino se extingue  
en confines de almas exiliadas.  

Un gemido se alza:  
la esperanza se convierte en eco,  
y mi corazón late todavía  
bajo la luz de la luna.

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