Cuando se tiene la capacidad de decidir sobre lo que se quiere hacer en la vida, no importando la edad, ni la cantidad de problemas que tenga que
afrontarse, es una obligación que todo ser humano debe imponerse. Los contratiempos no deben ser una excusa para realizar las expectativas que uno tiene. Al contrario estos deben ser una ayuda para tomar decisiones sabias en la vida. Hay que aprender algo nuevo cada día de nuestra vida.
Sin permitir que las circunstancias o
las decepciones nos bloqueen para continuar aprendiendo todo lo bueno y aceptable de
esta vida.
Hay que ser un poco cómo el gato. “Por donde el animalito mete la cabeza, por ese mismo sitio mete todo su cuerpo y consigue salir airoso al sitio donde quiere ir”. Esta es una expresión de un señor muy sabio, que la usa siempre para definir a las personas perseverantes. Si no perseveramos, y permitimos que nuestra voluntad flaquee y nos convierta en un cierto momento en personas que se acomodan en su zona de confort, siempre estaremos con estos mismos argumentos: “No tengo tiempo”, “ya estoy muy vieja (o) para eso”, “no tengo dinero para capacitarme”, “estoy muy ocupado con mi trabajo, etc.
Siempre estamos expuestos a seguir arrastrando tradiciones, excusas, pretextos y falsos argumentos, que terminan convenciéndonos de nuestra incapacidad, y de la imposibilidad de optar por un cambio de nuestra realidad.
Si alimentamos nuestra mente con la disciplina de la perseverancia, todo el potencial que tenemos, estará acompañándonos en cualquier circunstancia. Y la mayor satisfacción
que podemos experimentar son los resultados
que obtendremos. Hay que ser un poco cómo el gato. “Por donde el animalito mete la cabeza, por ese mismo sitio mete todo su cuerpo y consigue salir airoso al sitio donde quiere ir”. Esta es una expresión de un señor muy sabio, que la usa siempre para definir a las personas perseverantes. Si no perseveramos, y permitimos que nuestra voluntad flaquee y nos convierta en un cierto momento en personas que se acomodan en su zona de confort, siempre estaremos con estos mismos argumentos: “No tengo tiempo”, “ya estoy muy vieja (o) para eso”, “no tengo dinero para capacitarme”, “estoy muy ocupado con mi trabajo, etc.
Siempre estamos expuestos a seguir arrastrando tradiciones, excusas, pretextos y falsos argumentos, que terminan convenciéndonos de nuestra incapacidad, y de la imposibilidad de optar por un cambio de nuestra realidad.
Seremos un poco cómo el gato, que siempre sale hacia el otro lado con éxito.
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