viernes, 10 de febrero de 2017

Letras perdidas...alma seca

Cuántas veces los pensamientos que se plasman en un escrito, se salen de las lineas, resbalan hasta el abismo y se sepultan en la nada, quedan ahí en un silencio hiriente, perdidas en el turbulento y agitado desprecio del olvido 

Y todo ese caudal de sentimiento que te inspiró a llenar una página en blanco, con esa ilusión que te llenó la mirada de brillo de estrellas, de luz de luna, se convierte en un instante, en el nunca jamás, de algo que no volverá.
Y esa cosa viva, que es el pensamiento, ese invento, esa metáfora que se escapó del alma,  y volvió ágil la mano, para dar forma a un sentimiento... tiene que conformarse y perderse en el silencioso eco, de un alma seca.

sábado, 31 de diciembre de 2016

2.400 años de Aristóteles

Mucha gente se preguntará por qué, después de más de dos milenios, seguimos acordándonos de Aristóteles. Algunos pensarán que son necedades de los profesores o pedanterías de los filósofos. Lo cierto es que, después de 2.400 años, el mundo entero celebra el nacimiento de un hombre sin el cual nuestra forma de ver el mundo fuera hoy muy diferente.

Aristóteles nació en el 384 a.C. en Estagira, un pequeño pueblo en la península de Calcídica al norte de Grecia, a poco más de una hora de Tesalónica. En aquellos tiempos Estagira formaba parte del reino de Macedonia. Nicómaco, su padre, era el médico personal del rey Amintas, padre de Filipo ii y abuelo de Alejandro Magno. A veces pienso que los historiadores no han reparado suficientemente en esta circunstancia. Nicómaco murió cuando Aristóteles tenía 17 años, entonces fue enviado a Atenas para que estudiara en la célebre academia de Platón, donde permaneció durante 20 años. A la muerte de Platón, Aristóteles pasó una larga temporada en las ciudades de Atarneo y Asos, en el Egeo, y en la isla de Lesbos. En el año 343 a.C. Filipo ii lo llamó para que se ocupara de la educación de Alejandro, que contaba 13 años. Aristóteles permaneció con el príncipe durante al menos dos.

En 335 a.C. Aristóteles decide volver a Atenas y fundar su propia escuela, el Liceo, llamado así porque quedaba cerca del templo de Apolo Licio (que significa algo así como Apolo “protector de los lobos”). Allí, en medio de un bosque de pinos por el que merodeaban lobos salvajes y pasaba la corriente fresca del Iliso, quedaba un gimnasio donde los jóvenes iban a ejercitarse. Aristóteles compró el predio e hizo construir amplias estancias que alojaran salas de estudio y una espléndida biblioteca, e hizo sembrar un jardín botánico para el estudio de las plantas. A diferencia de la academia de Platón, el Liceo no cobraba a sus estudiantes, con lo que se diría que Aristóteles, entre otras cosas, fue el creador de la primera universidad gratuita. Ya otras veces hemos hablado del Liceo. Baste decir que en ese lugar, que aún se conserva en el centro de Atenas, Aristóteles escribió lo más importante de su obra científica y filosófica, mientras realizaba experimentos, dictaba conferencias y enseñaba conversando con sus discípulos en largos paseos por el bosque.

Para entender los alcances del pensamiento de Aristóteles hay que ponerlo en perspectiva con las doctrinas de sus antecesores, Sócrates y Platón. Sócrates había sido el primero en decir que los hombres podemos alcanzar la felicidad con la sola ayuda de la razón. Platón hizo suya la máxima y procuró aplicar la razón a los problemas humanos. Pero fue Aristóteles quien comprendió que la única forma de resolver esos problemas es aplicando la razón al mundo que nos rodea. Al fin y al cabo su padre había sido médico, y sabía bien que de nada sirve la razón si no la aplicamos para resolver los problemas y aliviar el sufrimiento humano. Esa es la esencia de la revolución aristotélica: aplicar la razón al mundo de lo concreto. Como inventor de la lógica fue el primero en organizar las leyes que rigen el pensamiento. Como fundador de la física supo aplicar estas leyes al mundo material. Como creador de las ciencias naturales desarrolló un método para comprender el misterio de la vida, la reproducción y muerte de las plantas y los animales. Como descubridor de la psicología nos enseñó que el conocimiento y control de nuestra mente está en nuestras manos y no en el capricho de los dioses. Como fundador de la ética supo que el fin de toda norma no debe ser otro que la felicidad. Como creador de la política comprendió que la ciudad es un hecho natural, y que su funcionamiento depende de condiciones económicas y geográficas y de la conducta de los ciudadanos, y no de las bondades de un proyecto utópico. Como estudioso de la retórica supo desentrañar los secretos de la comunicación y los poderes de la palabra. Como fundador de la teoría literaria fue el primero en explicarnos las técnicas de la belleza y las mañas del goce estético.

En 323 a.C. murió Alejandro y Aristóteles temió que en Atenas se desatara una persecución contra los macedonios. Entonces marchó a Calcis, en la cercana isla de Eubea, donde murió de viejo al año siguiente. Pero la historia no termina ahí. El Liceo continuó abierto por un buen tiempo y la obra de Aristóteles fue estudiada y celosamente cultivada en la Roma de Cicerón y Livio Andrónico, pero también en la Europa medieval de Tomás de Aquino y en el mundo árabe de Averroes. También en las primeras universidades de la América colonial, en México, Bogotá y Lima, pero también en la vieja Universidad de Santa Rosa de Caracas y en el Colegio de San Francisco Javier de Mérida. Dicen que de unos 170 tratados que escribió solo se conservaron 30, pero estos fueron suficientes para sentar las bases de toda la ciencia y el pensamiento moderno. Ese es el hombre al que hoy seguimos leyendo y estudiando, y al que 2.400 años después el mundo recuerda y celebra.

@MarianoNava



jueves, 29 de diciembre de 2016

Subliminal

La razón me dice “¿Pero qué estás haciendo?, ¿Ten un poco de cordura?".
Y yo, desobedeciendo, no pongo el punto y final necesario, me hago la sorda ante esa voz que me advierte de los peligros emocionales donde puedo quedar atrapada y sin salida. 
Me dejo llevar por el volcán emocional que se adueña de mi capacidad de pensar. 
Pongo un punto y coma para seguir y, luego viene lo único que está asegurado, el sufrimiento y la angustia donde quedo atrapada, y de la que me cuesta salir, por no hacer caso a la razón, que es esa voz interior, que me avisó del peligro...Me disculpo a mi misma y me digo: "Soy humana, no soy un robot programado".

sábado, 17 de diciembre de 2016

Mi alma tiene prisa- Mario Andrade.

Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora...
Me siento como aquel niño que ganó un paquete de dulces: los primeros los comió con agrado pero, cuando percibió que quedaban pocos, comenzó a saborearlos profundamente.
Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.
Ya no tengo tiempo para soportar a personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.
Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.
No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.
No tolero a manipuladores y oportunistas.
Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.
Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos.
Quiero la esencia, mi alma tiene prisa...
Sin muchos dulces en el paquete...
Quiero vivir al lado de la gente humana, muy humana.
Que sepa reír de sus errores.
Que no se envanezca con sus triunfos.
Que no se considere electa, antes de ahora.
Que no huya de sus responsabilidades.
Que defienda, la dignidad humana.
Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.
Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.
Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas...
Gente a quien los golpes duros de la vida, le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.
Si...tengo prisa por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.
Pretendo no desperdiciar parte alguna de los dulces que me quedan...
Estoy segura que serán más exquisitos que los que hasta ahora he comido.
Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.
Tenemos dos vidas y la segunda comienza cuando te das cuenta que sólo tienes una.
Lealtad con uno mismo
Mario de Andarde

sábado, 12 de noviembre de 2016

Vivencias

Resultado de imagen para san antonio de maturin paisajeDejar mi pueblo y llegar a Caracas fue una de las etapas más traumáticas de mi vida. Ahora, después de muchos años, recordando toda esa etapa de aventura que emprendí, siento que fui transportada de un universo que contenía todo, en donde no faltaba absolutamente nada, y arrojada a una realidad que poco a poco tuve que aprender a vivir. Diesiseis años es la etapa de los sueños y exponerse sola en una ciudad desconocida es siempre un riesgo. 
Había sido dueña absoluta de un espacio, y a todo un entorno de identidades, relaciones, creencias, temores, y cariños. Y este lugar irá siempre con nosotros.
Resultado de imagen para san antonio de maturin paisajeResultado de imagen para san antonio de maturin paisajeDe niña me gustaba caminar por la calle, sentir el sol que abarcaba e iluminaba todo mi pequeño universo, la calle, la panadería, la bodega, el camino a la escuela, la iglesia con su párroco, amigo y consejero. Sentía mucho placer en hacer este recorrido a diario, ir por el camino, reconociendo los rostros de las personas, las sombras de los árboles, las tiendas de los turcos,  a la izquierda, la casa de la verja blanca, la plaza,  los almendros, las personas a caballo. Mi corazón siempre se aceleraba con el sonido de campanas que era el anuncio del llamado a misa, sólo tenía que cruzar la calle para encontrarme con la imponente iglesia, en la misma calle llegaba a la escuela.

Durante mi primer año en Caracas, hacía un recorrido imaginario de largas horas a todos estos lugares y fueron auténticos viajes hacia un amor vivido. El amor que sienten todos los seres humanos hacia la tierra que los vio nacer. Yo decidía en dónde comenzar el recorrido, a dónde ir, qué lugar visitar, cuánto tiempo me quedaba contemplando todo. Era como recitar un rosario de vividos recuerdos: mi abuela, la figura de mi madre, la vegetación, la calle donde voy caminando, la casa ahora triste sin mi presencia, el cuarto vacío sin mis sueños, la cocina apagada sin lumbre y el patio donde estaba mi árbol favorito, donde siempre me refugiaba cuando sentía que algo alteraba mi tranquilidad. Sufría, sufría enormemente la dolorosa  pérdida de aquel espacio. Y ahora describiendo estos recuerdos, no puedo parar de que toda esta información emocional llegue a volcarse sobre mi con todo su rigor.
Todas estas emociones dibujan una ciudad que no existe para mí, es ese otro lado de mi realidad, pero que siento totalmente viva. Siento que alimento mi amor espacial, porque siempre soñaré, con los detalles que eran importantes para mí. Los cambios del río, las montañas verde azulado que rodeaban el pueblo,  la vecina que se esmeraba  en cuidar sus flores, el amor que aún reservo para las señora que me llamaba lunita y me regalaba cerezas. Viajaré siempre a este mágico jardín. Sé que nunca será el mismo, pero sé que la única forma que tengo de sentirlo es soñando con él.
El amor a ese espacio, es una de las emociones más fuertes y menos complicadas  que me constituyen como persona. Soy efecto y causa de ese amor, y este ha quedado en mi como parte de lo que soy, y es posible dibujar en mis recuerdos aquellos lugares, donde el espacio se aleja y mis emociones sólo alcanzan  a hacerme consciente de  lo que ya no existe.

miércoles, 5 de octubre de 2016

jueves, 8 de septiembre de 2016

Te regalo un poco de mi corazón.

Resultado de imagen para un pobre hombre abandonado a su suerte con un pedazo de pan debajo de su cabeza como almohada
Hoy es miércoles 8 de septiembre, he tenido un encuentro con la tristeza y la miseria, dos cosas que ahora son comunes en nuestra ciudad, pero esta vez también encontré: sensibilidad, ternura y poesía juntas en un anciano que se encontraba en muy mal estado de salud.
Mientras esperaba una camioneta para trasladarme a Sabana Grande, me senté en un banco en el paseo frente a la Universidad Central de Venezuela. Miré recelosa antes de sentarme, por si acaso había algún amigo de lo ajeno cerca. Noté que en el banco de al lado había un señor que parecía enfermo, ya que sus manos le temblaban constantemente y casi no podía moverse. Me distraje y no le presté mucha atención, hasta que noté que el señor con mucha dificultad, quería acostarse a todo lo largo en el banco. Tenía una bolsa con un pedazo de pan y se lo puso debajo de la cabeza como para no perderle y se quedó acurrucadito en ese lugar, como esperando a que viniese morfeo a confortarlo. Empecé a observarlo detalladamente con tristeza, de vez en cuando se sobaba un brazo y el abdomen como si sintiera dolor. Me levanté de mi asiento y le pregunté que si se sentía mal. El se sobresaltó y me miró con los ojos llenos de sorpresa y extraviados del dolor.
Me contestó que sí, que lo habían operado de la próstata y me señaló una bolsita con una manguera delgada que tenía debajo de la franela,  le habían dado de alta en el hospital, por no haber sitio para tenerlo por más tiempo. Tenía varios días deambulando por ese lugar, para poder recostarse, sin probar más alimento que un pedazo de pan. El pobre hombre temblaba, me imaginé que tenía fiebre y hambre, y en un impulso abrí mi monedero y saqué un poco de dinero y se lo dí. El me miró con extrañeza y aceptó el dinero y me dio varias veces las gracias.
Me despedí del señor con una angustia y un nudo en la garganta, como si aquella persona yo la conocía y la estaba dejando abandonada, ¿que podía comprar con tan poco dinero, si un pan ahora cuesta 600 bs?.. Me sentí tan culpable que en vez de tomar el carro que ya estaba en la parada, me alejé en busca de un sitio donde comprar algún alimento para él.
Encontré una cafetería y pedí medio litro de jugo y unos panes dulces y me dirigí nuevamente donde estaba el pobre enfermo.  Esta vez estaba dormido, le toqué suavemente el brazo para no sobresaltarlo y le hable muy quedo: "Viejito, estoy de nuevo aquí para traerte un poco de jugo, para que te sientas mejor, levántate y tómalo. El anciano me miró con sorpresa y su cara que en unos instantes estaba llena de dolor, se iluminó, sus ojitos parecían dos luceros que me ofrecían su luz, el me estaba regalando una adorable sonrisa y unas palabras inusitadas en un ser en esas condiciones: "Será que estoy muerto...y ha venido un ángel a reconfortarme, porque estoy seguro que en la tierra no hay ángeles". Se me hizo un nudo en la garganta y sentí una gran ternura por este ser que por casualidad se me había presentado. Acaricié su rostro marchito y sucio y le pregunté su nombre, "Me llamo Raúl y le pido desde este momento al universo por usted, que todo le vaya bien de ahora en adelante y que el universo la provea de una inmensa materia gris para que pueda enfrentar con inteligencia todo lo que se le presente en el camino". ¡Gracias infinitas por su bondad!
Me despedí de aquel ser que aun en la mala situación que se encontraba, tenía frases y sonrisa para regalar. Sin duda este es un encuentro que la vida me ofrece.
¿Cómo podemos ser indiferentes con la tristeza de los demás?. Si todos pusiéramos un poquito de afecto y comprensión...¡Seguro que el mundo sería diferente!.
Te buscaré mañana nuevamente, aunque no se si tendré la suerte de encontrarte.
Quisiera mitigar tu miseria por un poco de tu corazón reflejado en tu sonrisa.